Arte  | 

Antonio Seguí

Ironía cotidiana y furor urbano

Imposible mencionar su nombre sin imaginar casi al instante a sus miles de hombrecillos yendo de un lado para el otro, con sus sombreros y portafolios de señores importantes, apurando el paso para llegar, vaya uno a saber a qué importantísima reunión. Pasos que adquieren el sonido de lo gris, repetitivo, desesperante y absurdo del movimiento mismo de una ciudad perdida en su cotidianeidad urbana. Perdida en ese no sé qué irrefrenable que algunos llaman rutina y otros inercia. En ese micromundo que no cesa jamás, en ese calabozo lleno de incertidumbres y pequeños zapatos, Antonio Seguí nos presenta, con ironía y humor, el fantasma moderno que no abandona nunca nuestras espaldas.

Nació en el año 1934, en Córdoba. Ya a muy temprana edad, y motivado por un interés genuino por las artes visuales, emprendió el necesario viaje que tantos coetáneos suyos repitieron. Con apenas 17 años y ayudado por su abuela, llegó a Europa para formarse. Incorporó un pasaje de intercambio y de conocimiento a su identidad en el que pudo adoptar nuevos puntos de vista, entre el estudio de las obras de la antigüedad y las últimas novedades plásticas; que no solo se encontraban en los lienzos, sino también en la bohemia y en el bullicio de los cafés.

De este modo, el joven asistió como alumno libre a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (en Madrid) y a la École Nationale Supérieure des Beaux-Arts de París. En las típicas visitas a los grandes museos, pudo encontrarse directamente con las obras de Goya y de Honoré Daumier, entre muchos otros que influenciaron su factura. También las obras de artistas como Georg Grosz y Otto Dix pueden verse reflejadas en esa forma de presentarnos la parodia humana de la vida cotidiana en las ciudades capitalistas. Su herramienta, en definitiva, es la de una estética naíf, en apariencia, que descubre el perturbador entramado de la urbanidad desenfrenada.

Monumentalidad

Con el tiempo, Seguí supo expandir su característico lenguaje hacia otros terrenos fuera del lienzo. De este modo, fue que sus personajes adquirieron una dimensión nueva: la monumental. Así podemos encontrarlos diseminados por diversos puntos del mundo, como el Gaucho urbano en el Valle de Calamuchita, o el Golfista en Marruecos, por nombrar solo dos. Hoy continúa trabajando en su atelier en París como lo hace ya desde hace tiempo. Con sus 81 años llenos de arte y producción, no ha cesado nunca en su constante búsqueda artística. Sus personajes continúan exponiendose en diversas muestras alrededor del mundo, como es el caso de la más reciente celebrada en Dubai. La línea de Antonio Seguí posee vida propia y sigue en constante crecimiento sorprendiéndonos con nuevos escondites que resultan inquietantes tras su peculiar manto de humor.