Arte  | 

Carlos Alonso

La estética del compromiso

Una retrospectiva que sirve como merecido homenaje a un artista que con talento ha reflexionado sobre la historia política y social del país, a través de indagaciones tan pictóricas como personales.

Con la presencia del propio artista (90), se presenta en el Museo Nacional de Bellas Artes: Carlos Alonso. Pintura y memoria. Una muestra que reúne, en el pabellón de exhibiciones temporarias, 54 obras que el reconocido creador mendocino realizó entre 1963 y 1989.

Representante de una corriente social del arte, Alonso es un referente de la pintura contemporánea argentina. En acrílico sus trazos densos y coloridos han dado identidad a obras cargadas de un realismo crudo, que interpela a la historia y a su historia, para ofrecer un compendio de imágenes donde la belleza se confunde, y se contrapone con el dolor y lo peor de la condición humana.

Compuesta mayormente por pinturas y collages, esta retrospectiva-homenaje se estructura en dos ejes temáticos: Pintura y tradición, que comprende los collages de la serie Blanco y negro, junto a las piezas que citan y rinden homenaje a sus maestros y a grandes artistas de la historia del arte. Entre ellos: Lino Enea Spilimbergo, Vincent van Gogh, Gustave Courbet y Pierre-Auguste Renoir. El otro núcleo Realidad y memoria presenta trabajos en los que Alonso reflexiona sobre la historia argentina, y manifiesta su compromiso social y político.

Diseño curatorio

Especialmente curada por María Florencia Galesio y por Pablo De Monte, investigadores del Museo. La muestra se desarrolla como un itinerario que permite comprender cómo la reiteración temática a lo largo del tiempo sirve para asimilar la obra de este artista ineludible en el arte argentino del siglo XX. Como se señala en el catálogo de presentación, una de esas temáticas, la carne, puede apreciarse como enunciación de la violencia en nuestra historia. “Desde la gauchesca del siglo de las montoneras federales hasta los desaparecidos. Pero, además, se vuelve carne, materia primaria de la vida que muestra la muerte. Hay cadáveres, una y otra vez. Para que haya Argentina, ha de haber cadáveres, como en La lección de anatomía, de Rembrandt, recuperada por Alonso en la escena mortuoria del Che Guevara”.

Concepto central

El cuidado montaje también estableció un centro físico y conceptual: la reconstrucción de la instalación Manos anónimas, cuyo original nunca llegó a presentarse al público, ya que la exposición Imagen del hombre actual, que la contenía en el mismo museo, fue suspendida tras el Golpe de Estado del 76.

Fue 1976, precisamente, el año en que Alonso  se exilió; y un año después, la Dictadura desaparecería a su hija.  En 1981 regresó a Buenos Aires y, al año siguiente, se radicó en Unquillo, Córdoba, donde reside en la actualidad. Este trágico itinerario señala el compromiso que significan en su obra pictórica la reflexión social y política. “No puede pensarse la historia del último medio siglo de la Argentina sin la obra de Carlos Alonso”, aseguró el director del Bellas Artes, Andrés Duprat. “Es un hilo que la tensa, la denuncia, la interpela y la enmienda, a la vez que la sabe irreparable. Entre la alegoría y el realismo crudo, descalabrada por las violencias usuales, la producción del artista discurre por temas, formas y preguntas con la sospecha de que la respuesta nunca cambiará. Y de que hay horror en ella”.