Arte  | 

Fabiana Barreda

Arquitecturas del deseo

Los dispositivos de una artista que abarca totalidades en el embrujo de una intimidad que podemos reconocer como propia.

Las fotografías de Fabiana Barreda, que atraviesan tanto los procedimientos analógicos como digitales, son en realidad registros de performances íntimas o ritos privados. La resultante, que se desarrolla en la continuidad que excede al registro, es una foto-performance que expone los límites entre el cuerpo y los espacios que elegimos como personales. También los difumina.

Los actores de estas foto-performances siempre son amigos y gente muy cercana a Fabiana. Personas especiales con las que la artista siente la necesidad de conectarse emocionalmente. Esto hace del proceso creativo un rito sagrado que de alguna manera repone ese carácter aurático; ese ángel que en el valor expositivo de la fotografía queda siempre renegado. Esa aura, esa energía, es el componente que carga de sentido toda su obra. Esta es la razón por la cual descarta la idea de trabajar con modelos pagos para sus tomas.

Siguiendo este recorrido, Fabiana no elige la fotografía como único método. Sus investigaciones conectan siempre lo referente al cuerpo con su espacio, con la naturaleza y el lugar de la arquitectura en esa relación especial. Para dar cuenta de estas temáticas, utiliza diversos soportes; como proyecciones audiovisuales, maquetas e incluso grafías y dibujos, cuyas tintas se esparcen tanto sobre el papel como así también sobre la piel de aquellas personas especiales que retrata.

“Mi hogar son las líneas de mi mano”

Con todos sus trabajos, Fabiana suele abarcar un proceso de sistemas artísticos; es por ello que sus series comúnmente duran varios años. Nunca culminan. Toman la forma de un pensamiento que va creciendo, transformándose como un espiral.

Al respecto existe una frase de Man Ray muy conocida que dice: “Nos han acusado, a mí y a Marcel Duchamp, de no acabar nunca lo que hacemos; esto se debe a que somos hombres infinitos”. Más allá de la comicidad de sus palabras, esta artista supo evidenciar el saber de una experiencia hoy contemporánea; pues muy cierto es que una obra de arte nunca está del todo acabada; puede repensarse y relacionarse con otras múltiples formas de ensayo.

La serie Arquitectura del deseo es un buen ejemplo para ilustrar esta idea. Es a partir de este proceso que surgió una frase que cargó de significado los  trabajos posteriores de Fabiana: “Mi hogar son las líneas de mi mano”. Aquí la problemática del cuerpo y el espacio se corresponde con preguntas subjetivas, existenciales, psicológicas. La imagen puede funcionar entonces como una respuesta, o mejor aún, como un mecanismo sensible que no busca responder, sino revelar.

“¿Nos hacemos bien o nos hacemos mal?”

Los actores y actrices que participan de las producciones de Fabiana Barreda son sujetos comunes y solo de este modo son retratados. No hay poses, ni tiesuras. Tampoco ficciones. Existe una verdad que es mensaje religioso: un factor fuertemente votivo en cada rostro construido y deconstruido. Porque no existen en verdad fronteras reales que diferencien los conceptos “cuerpo”, “hogar” y “entorno”. El secreto conjuro que desata Fabiana es de este modo relacionable con el motor de las recordadas acciones del artista norteamericano Gordon Matta Clark, en las que procedía por ejemplo a cortar por la mitad una casa, entre otras intervenciones. Allí, en ese contexto, es el cuerpo quien habla por sí mismo. Entonces, ¿qué es aquello que llamamos hogar?

Íntima y gótica

En su última serie —ciertamente más oscura— podemos hallar una nueva extensión (como proceso) de sus arquitecturas del deseo. Aquí busca exponer la dualidad del amor en la ambivalencia del placer y del dolor. “¿Nos hacemos bien o nos hacemos mal?”, esa es la pregunta que según la misma Fabiana propone la obra. En este caso, trabaja sobre un programa de iconografías fetichistas: elementos como esposas y látigos tienen su encuentro con pequeñas llaves y corazones de cuero. La energía del día, que se expone en un primer momento de sus arquitecturas, se completa con la energía nocturna que se desprende de estas últimas búsquedas. Y así como en el la vida es necesario integrar estas dos energías, la artista las integra en su obra completando un ciclo creativo que permanece abierto.