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Milo Lockett

Trazos rápidos que parecen resultado de un arrebato creativo son los que conforman las coloridas figuras que pueblan las obras de este artista, cuyo reconocimiento no para de crecer.

Era llegar al Paseo de la 9 de Julio, organizado para celebrar nuestro Bicentenario, y encontrarse con una caligrafía familiar que lo inundaba todo. Nada de letras de molde, sino unas distorsionadas y gráciles como aquellas que estamos acostumbrados a ver complementando los dibujos de Milo Lockett, los cuales tampoco faltaban animando los diferentes stands.

Proveniente de la provincia de Chaco, a la que nunca abandonó, rápidamente conquistó al público con sus grandes telas pobladas de personajes tanto humanos como animales, que encandilan a los adultos y cautivan a los más chicos, conformando una iconografía a esta altura más que reconocible, reflejo de un mundo interior habitado por seres enamorados y fascinantes.

Su lugar natal se hace presente en sus obras, en las que mezcla junto con la pintura puñados de tierra que le otorgan una textura y un color particular.

Se nos vuelve evidente, entonces, que no son necesarias las demostraciones de virtuosismo técnico para emocionar y llegar al público. Ya decía Edgardo Giménez que el arte debía trasmitir felicidad y ayudar así a mejorar la vida de la gente; eso lo sabe bien Milo, cuyos personajes pintados nos contagian inevitablemente la sonrisa.