Arte  | 

Nicola Costantino

Apuntes para una estética de la perversidad

Artista plástica, fotógrafa y aficionada por la taxidermia, elabora con su obra un discurso centrado en los cuerpos, en el mundo animal y en la violencia que se oculta en las tradiciones culinarias de nuestra sociedad.

El diccionario define la empatía como la capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que otro individuo puede sentir. A generar esta capacidad con un arte de alto impacto, es a lo que tiende una considerable parte de las obras de la artista argentina Nicola Costantino, al introducirnos en los padecimientos que nuestra dieta carnívora y modas de indumentaria le infligen a la especie animal.

No es necesariamente un alegato contra el consumo de carne, sino contra la crueldad ejercida en el ámbito de la producción que tiene como base a este alimento; un universo sanguinario y desconocido para la mayor parte de la población en donde los animales no son tratados siquiera como seres vivos y se los somete a todo tipo de vejámenes que exceden cualquier argumentación sobre necesidades vitales y alimenticias del ser humano.

Los estudios vinculados a la taxidermia complementaron la formación artística de Costantino, quien desde sus primeras obras se inclinó hacia el tema de los excesos, los banquetes y la carne.

Uno de sus trabajos con mayor trascendencia ha sido su serie Peletería de piel humana, un conjunto de abrigos y prendas de vestir llevados a cabo con calcos de piel realizados en silicona, con todos los vericuetos y protuberancias del cuerpo incorporados. Estos fueron expuestos por un lado sobre maniquíes, como si de una exclusiva boutique se tratara, y por otro, utilizados en desfiles de modelos, quienes los lucieron con la misma indiferencia que si se tratara de una tela sintética o de la piel de algún animal exótico despellejado para ser convertido en un artículo de lujo.

La atracción está latente, imposible ser indiferente frente a sus obras.

En una vuelta de tuerca al concepto del canibalismo, aplicado en este caso al diseño, Nicola nos enfrenta a todo un dilema. Estamos dispuestos a adquirir restos de cuerpos de otros seres asesinados exclusivamente para que podamos lucirlos sobre nuestro cuerpo porque la moda o el status nos lo consienten. ¿Seríamos capaces de portar con la piel de nuestros propios congéneres sobre los hombros si los dictados de la moda así lo sugirieran?

Un halo de perversión y crueldad transita obras como la de los Chanchobola, o las que pertenecen a la Serie de los Frisos, en las cuales calcos de cuerpos inertes de terneros, chanchos y potrillos de tamaño natural se encuentran comprimidos dentro de esferas o apretujados en los recovecos de una pared para conformar un diseño decorativo. Las Carpetas en punto muerto reproducen los motivos de este tipo de tejidos, pero su entramado se compone en cambio de cabezas de pollo o de pavos que se entrelazan generando el formato de este adorno doméstico. Aquí la perversión no deja de adoptar tintes humoristas apelando a una complicidad del espectador ante una imagen que despierta la ironía ya desde su título.

Si de algo no conoce su arte, es de condescendencia: quedar bien, gustar o generar la supuesta sensación placentera que se supone que los objetos artísticos deberían provocar en quien los mira. La estética no deja por esto de estar presente: todo está realizado con acabados perfectos, y el detalle es cuidado en todas sus dimensiones. La atracción está latente. De lo que sí saben las obras de Costantino, es de movilizar, de no dejar al espectador indiferente, de impresionarlo, y en ocasiones hasta estremecerlo y sacudirlo con sus alusiones bien directas tanto al cuerpo humano como al de otras especies que forman parte de sus instalaciones.