Arte  | 

Pablo Suárez

Arte y parte

Una más que merecida retrospectiva sobre este artista que como pocos marcó la vanguardia de los 60, pero que proyectó su obra en la primavera democrática de los 80 para consagrarse en los 90 y más allá.

Confirmar el canon en arte es consecuencia de infinitas operaciones de sentido donde convergen distintos aspectos que pueden ir desde la coherencia con los climas de época y el atravesamiento de estos hasta la relación de herencia y legado con colegas, pasando por la valoración subjetiva, pero coincidente respecto del talento y el posicionamiento en el mercado. Es en el valor intrínseco de las obras de Pablo Suárez (Buenos Aires, 1937-2006)  atravesado por la dinámica de estos aspectos, entre otros, que debe entenderse la importancia de la exposición retrospectiva que por estos días ofrece el Malba, en el contexto de un ambicioso proyecto de investigación y puesta en valor de grandes artistas argentinos.

Denominada Narciso plebeyo, en razón del posicionamiento ético de Suárez durante su vida, la exposición consta de una selección de cien obras. En ellas se propone repensar su rol y producción en diálogo con la tradición artística y cultural de nuestro país, en tanto figura central y dinamizadora de la escena local a lo largo de cuatro décadas, desde los años 1960 hasta el 2000.

Se trata de pinturas, dibujos, objetos y esculturas que provienen de importantes colecciones privadas y públicas locales como el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires (MNBA), el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba), el Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori, el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (Macro) y la Fundación Klemm, entre otras. A estas se suma material de archivo inédito, resultado del proyecto de investigación realizado por los curadores de la exhibición, Jimena Ferreiro y Rafael Cippolini, junto con el departamento de Curaduría del Malba.

Narciso, pero plebeyo

La muestra hace foco en la particular enunciación discursiva del artista, en la que prevalece lo plebeyo como la perversión de la forma y síntoma de la cultura degradada que se espeja en su biografía desclasada. Esta inscripción personal será una invitación para analizar la mitología personal de Suárez en relación con sus imágenes y con su lugar en la historia del arte argentino, central y marginal a la vez. “El lujo plebeyo de sus imágenes contrasta con su casi inexistente vida material. El nomadismo caracterizó su vida, el culto a lo poco, que resulta asombroso si pensamos en la laboriosidad que demandan sus obras, en las exigencias espaciales de los conjuntos más tardíos, y especialmente en el automito, que nos habla de un joven de clase acomodada, desclasado, rudo, boxeador, seductor, héroe de la vanguardia y posteriormente arrepentido”, señaló Ferreiro.

Cabe destacar que Suárez realizó su primera exposición individual en 1961 en la Galería Lirolay de Buenos Aires y fue presentado nada menos que por Alberto Greco. Desde entonces se manifestó como uno de los protagonistas más importantes del arte de vanguardia argentino y fue parte, por caso, de las Experiencias Visuales del Instituto Di Tella. Otro de sus hitos fue haber sido protagonista del vigor cultural y expresivo coincidente con el reinicio democrático en los 80, a partir de su activa participación en la escena alternativa y marginal de entonces. De eso hablan sus obras colmadas de colorido y gestualidad que dieron escenario a personajes modelados en resina sobre el plano pictórico.

Herencias y legados

La exposición también destaca las influencias abrevadas y el camino trazado. En palabras de Cippolini: “La obra de Suárez no solo construye una estrategia particularísima a partir de la tradición local, reinventando modos y maneras de maestros como Berni, Molina Campos o Raquel Forner
al utilizarlos como herramientas para entender las coyunturas del presente, sino también a partir de su colaboración y diálogo permanente con artistas mucho más jóvenes (…) Creo que no se pueden entender los años 90 sin Pablo Suárez y que, además, en sus últimas dos décadas de producción, la influencia de artistas como Gordín, Pombo y Harte es insoslayable”.

El otro corpus de la obra 

Paralelamente a la muestra, se lanza un libro monográfico con la reproducción de todas las obras representadas en la exposición y con un valioso material documental (fotografías, textos personales y documentos personales) reunido por primera vez.

La publicación compila, además, importantes textos sobre la obra de Suárez: dos ensayos de los curadores, Jimena Ferreiro y Rafael Cippolini; un texto de la escritora Gabriela Cabezón Cámara, con foco en el imaginario gauchesco de su obra; y una entrevista de la historiadora Laura Batkis –amiga personal del artista–, a partir de cientos de horas grabadas que registraron diferentes conversaciones entre ambos, desde 1994 hasta sus últimos días. Por último, incluye una biografía y un anexo bibliográfico conformando así la primera publicación exhaustiva de referencia sobre su producción.