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APA Arquitectura

Del dicho al hecho

En el camino, está el secreto. Esta parecería ser la fórmula del Arq. Alejandro Apa para hacer realidad los proyectos más ambiciosos.

Desde hace más de veinte años, APA ARQUITECTURA se especializa en desarrollos residenciales, inmobiliarios y turísticos de alta gama. Importantes premios como el Americas Property Awards 2017/2018 hablan de prestigio y reconocimiento, pero sin dudas el principal aval está dado por las personas que literalmente viven los más de 1500 proyectos y más de 300 obras construidas por esta firma, lo que significa un total de 250.000 m2, aproximadamente.

Repartiendo en la actualidad su labor entre el corredor Norte del GBA, Canning y en Puertos del Lago, en Escobar, el estudio tiene a su cargo alrededor de diez proyectos y quince obras en simultáneo. Hacer que cada uno de estos sea único supone un arduo trabajo desde el minuto cero. Y es su fundador y presidente, el arquitecto Alejandro Apa, quien debe congeniar los pareceres y subjetividades de los clientes con su impronta y la de su equipo, compuesto por arquitectos, ingenieros, diseñadores de interior, paisajistas y técnicos de distintas áreas, para llegar al destino final. Como podrá observarse, no es una tarea sencilla.

Para dar muestra del trabajo que desempeña este estudio, conversamos con el arquitecto Alejandro Apa.

¿Cómo es el germen de un proyecto, cómo son los primeros contactos con los clientes?

Lo que hacemos inicialmente es centrarnos en la parte humana, en lo personal y familiar de ellos. Pese a que muchos se acercan a nosotros hablando de arquitectura, de estilos, o de tipo de casa o de metros, lo primero que hacemos es buscar una suerte de empatía para que nos puedan brindar información en cuanto a sus gustos, sus vivencias, lo que esperan de su casa, cómo viven, cómo son socialmente.

¿De qué manera sigue este proceso?

Una vez que se plasma esta decodificación de la parte humana, pasamos a otro plano que tiene que ver con lo que hay que resolver en función de dónde estará implantado el desarrollo. La idea es establecer una gran relación que conjugue lo humano de quienes habitarán la residencia con el lugar en donde se emplace el proyecto, sea un entorno urbano, un barrio cerrado, un country, un campo, o en las montañas o la playa. Esa conjugación personas-entorno nos termina definiendo cuál va a ser la arquitectura más apropiada, pero siempre en contexto. Porque reflexionamos sobre las proporciones de lo que sería encontrar el estilo buscado. A partir de entonces, nuestra responsabilidad es trabajar la parte creativa para ver cómo podemos conjugar esos tres grandes elementos (lo humano, el entorno y la arquitectura). Es una forma de trabajar que, a veces, me hace sentir más un guía de viaje que un arquitecto.

Hacer que todo esto fluya no debe ser sencillo.

Ciertamente, resulta complejo, pero se dan pasos seguros. Porque se avanza en la medida en que vamos chequeando que la persona esté conforme.

Y, ¿cómo se traduce todo esto en tiempos?

Normalmente, tenemos dos o tres charlas muy profundas en las cuales nos ponemos a trabajar en la etapa de croquis preliminar. Ahí sí se gesta la idea más importante, que es desde dónde va a materializarse la etapa siguiente, que es el anteproyecto. Después de esas reuniones, trabajamos prácticamente durante un mes para lograr los croquis preliminares, que son los que marcarán la idea rectora, la definición de la arquitectura en relación con la cantidad de metros, a la relación de espacios, a la relación con el medio en que estará implantado, etcétera.

Pero siempre está el arquitecto con el aporte que podés dar solo vos, y que es, al fin y al cabo, por lo que te contactó el cliente. ¿Por dónde pasan tus preferencias? 

No me gusta encasillarme. Tanto es así que haría en cada lugar una casa distinta, y mañana me haría una casa diferente de la que hago hoy. Pero algo es seguro: en arquitectura residencial, hay dos grandes mundos en cuanto a estilo: lo clásico y lo moderno. Entonces, a mí lo que me seduce es la tensión, el diálogo de ambos conceptos. Por ejemplo, por más moderna que sea, una casa debe tener ese dejo vivencial que la convierta en un hogar. Pero más allá de los estilos, me parece fundamental la exploración de los sentidos: lo visual podrá ser con grandes ventanales, o lo kinestésico con las texturas; o apelar a sensaciones como calidez. Por otro lado, la relación con el paisaje, con la posibilidad de percibir el sonido de una cascada y del viento, en relación con el anhelo de insonorización. O la importancia de los cinco elementos (fuego, tierra, metal, agua y madera) en cada desarrollo.  En resumidas cuentas, la arquitectura tiene que ser emocional; sino, por sí misma, no sirve para nada.

Así finalizó su exposición para la revista el prestigioso arquitecto Alejandro Apa.

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