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Carlos Ott

Talento sin fronteras

Un artífice urbano, podríamos también denominarlo cuando la palabra arquitecto parece quedarnos chica frente al alcance y al reconocimiento internacional de sus obras.

Una de las primeras capacidades que incorporamos en nuestra más pequeña infancia es la de construir. Mucho antes de poder sostener un lápiz sobre una hoja y garabatear con él algunos trazos, aprendemos a disponer de los objetos a nuestro alcance, a superponerlos, a apilarlos, a elevarlos, tratando con nuestras manos de darles a las cosas una nueva forma, viéndolos como quisiéramos que fueran. Podríamos decir que este afán constructivo es intrínseco a la constitución humana, sin embargo la gran mayoría de nosotros lo pierde en el camino.

Aún así, hay algunos elegidos en los que este instinto permanece intacto y siguen desarrollando su potencial a lo largo de los años. A estos últimos, podemos reconocerlos porque sus obras no quedan condensadas en cubitos de encastre, sino que constituyen parte del universo que recorremos día a día.

En Uruguay aquel que se ha destacado en esta materia tiene un nombre y apellido que traspasa las fronteras: Carlos Ott, quien con sus originales y premiados diseños viene embelleciendo desde hace años ciudades del mundo entero. No es éste un aspecto menor, ya que es con estas nuevas construcciones que se elevan continuamente, con las que tendremos que convivir por décadas y tal vez por el resto de nuestras vidas, formando parte del entorno cotidiano.

Luego de haber estudiado arquitectura en su país, sus elecciones y su talento lo han llevado a transitar por una serie de ciudades, siendo seleccionados sus proyectos en numerosos concursos. Entre estos se encontraba la realización de la Ópera de la Bastilla en París, para el aniversario de la Revolución Francesa, logro ambicionado por arquitectos del mundo entero, pero únicamente alcanzado por él.

Además de los proyectos llevados a cabo en su territorio, posiblemente lo que más llama la atención de su alcance es la amplia aceptación que ha conseguido tanto en Asia, como en los estados que conforman los Emiratos Árabes, lugares en los que no sólo ha realizado varios diseños reconocidos, sino que hasta ha instalado allí las respectivas oficinas de sus estudios de arquitectura. Esta amplia aceptación nos habla al final de cuentas del lenguaje universal que implica el arte.

Sin dejar de correr los riesgos que siempre implica el planteamiento de nuevos modos de hacer las cosas, Carlos Ott tampoco ha descuidado los planteos éticos en su forma de trabajar. Probablemente, no encontremos en sus edificios un estilo identificable a primera vista, ya que al tener proyectos en más países de los que podríamos contar, constituye una preocupación para Ott generar obras únicas, estrechamente vinculadas con el lugar en donde se insertan, no dejándolas desvinculadas de su ecosistema ni de las especificidades propias de cada sitio en el que se encuentran.