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Hugo França

Con buena madera para el diseño

Los objetos y muebles en madera de este brasilero son anhelados en todo el mundo. Cada uno responde a un diseño y a una técnica singular que sigue las huellas de los restos de árboles que sufrieron tala o incendio para dar testimonio ecológico.

Muebles verdaderamente únicos. Únicos por el particular diseño de su creador, el brasilero Hugo França, pero también por partir de la materia prima que este utiliza: los restos de árboles (tocones) que sufrieron el ataque del hombre a través de la tala y del incendio forestal. Y en esa elección, un llamado de atención sobre la necesidad de cuidar el entorno que habitamos.

França nació en Porto Alegre, pero la parte fundamental de su historia comenzó a escribirse cuando, a principios de los ochenta, se fue a vivir a Troncoso, una localidad costera de Bahía. Allí, durante quince años, este ingeniero desarrolló un método personalísimo para realizar artesanalmente objetos y muebles, que van desde mesas de seis metros y sillones colosales hasta jacuzzis para más de diez personas; o bien bancos de apariencia minimalista o utensilios como cuencos.

Resultado lógico   

El arte de França consiste en unir situaciones y circunstancias como si fueran partes de un rompecabezas. Por un lado, comenzó a entender el padecimiento del planeta por la mano del hombre en los restos muertos del bosque de árboles de la especie pequi vinagreiro que iban quedando por la deforestación; tanto desprecio por la naturaleza lo conmovió en su fuero más íntimo. Por otro, fue interesándose y aprendiendo de la técnica del pueblo originario pataxó, el cual ancestralmente fabrica canoas con la madera de dichos árboles. Unió ese saber a sus conocimientos adquiridos para dar con meticulosos procesos de corte, lijado, esculpido y pulido, que son el origen de los más atractivos acabados. A todo esto, sumó su propio interés como ingeniero en la creación de estructuras y diseños. La síntesis de esta conjunción de hombre-cultura-naturaleza son las piezas de diseño que le han dado fama mundial, y en las que se aprecia su enorme sensibilidad estética. Piezas que primero llamó “esculturas de mobiliario”, por estar basadas en la experiencia sensible y estética que le genera cada resto de árbol que, con su trabajo, parece hacer revivir; ya que las formas, grietas, agujeros y hasta marcas de quemado son senderos adaptados de un diseño único y de enorme cuidado.   

Usinas de vida

Hoy Hugo França recibe pedidos y encargos en todo el mundo, y sus piezas se cotizan en miles de dólares, pero eso no lo aleja de seguir descubriendo y denunciando lo que hay detrás de los desechos de madera muerta con los que crea. Madera que no abunda (ver recuadro) y que debe encontrar a veces como un detective, y otras como un arqueólogo. Y el resultado de lo que halle siempre será inesperado, debiendo interpretar y someterse en cada caso a lo que encuentre. Como él mismo ha afirmado: “La limitación de una manera u otra es el gran desafío de los diseñadores. En mi caso, no es diferente. La consecuencia de la superación de esos límites son las piezas más inspiradoras, con los mejores resultados estéticos y ergonómicos”.

Materia prima limitada

Las exclusivas piezas de Hugo França están realizadas con los restos (tocones) de árboles pequí, que llegaron a tener 30 metros de alto y 3 metros de diámetro, y quedaron mutilados o calcinados por la tala indiscriminada y los incendios forestales. Se estima que en menos de una década ya no habrá árboles pequí para transformar, por lo que França ya está probando con otras maderas duras autóctonas.

Para poder responder a la enorme demanda actual de sus trabajos, França cuenta actualmente con dos talleres de producción: uno en Troncoso y el otro en Louveira, San Pablo, ciudad en la que también hay un showroom de sus obras.