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María Haydeé Pérez Maraviglia

Armonía y estética

Con la impronta de su estilo victoriano, Mar del Plata es una de las ciudades más bellas del país. Recodificar esa fisonomía en armonía y con perfil moderno ha sido posible gracias al talento de profesionales como Pérez Maraviglia. 

Es imposible escindir el perfil arquitectónico actual de Mar del Plata sin tener en cuenta la labor señera en su fisonomía por parte del estudio Mariani Pérez Maraviglia, fundado en 1968 por el joven matrimonio conformado por los arquitectos Carlos Mariani y María Haydeé Pérez Maraviglia. Esta última es quien continúa con enorme vigencia aquel legado junto a su hijo Jerónimo Mariani y el también arquitecto Oscar Cañadas. 

En cuanto a impronta, debemos destacar que la extensa trayectoria de María Haydeé comenzó a forjarse apenas recibida de arquitecta en la Universidad de Buenos Aires, cuando, becada, recorrió Europa. Allí descubrió personalmente la tradición arquitectónica del viejo Continente, pero también las vanguardias que se desarrollaban por esos años. De alguna manera, esa conjugación entre tradición y ruptura es la que ha marcado su carrera en Mar del Plata. Un proceso de transformación urbana forjado durante décadas, con la validación de obras y proyectos que han recibido premios en concursos y han formado parte de  muestras nacionales e internacionales, junto a otros trabajos que han sido publicados en libros y revistas de la disciplina. Todo esto la llevó también a dar conferencias individuales y colectivas en la Argentina y en el extranjero.

Interpretar el lugar

Tamaño prestigio se ha cimentado en numerosas obras e intervenciones realizadas en Mar del Plata, verdaderos emblemas contemporáneos que han sabido ensamblarse armónica y estéticamente con el escenario arquitectónico de comienzos del siglo XX para prolongar el exquisito perfil de la ciudad balnearia. Esto se puede apreciar tanto fuera de la temporada estival, cuando los ánimos están más calmos y la sobriedad cobra forma con el frio, como en el período que tiene que ver con recibir con prestancia y confort a los visitantes que año a año la pueblan con efusividad durante dos o tres meses.

Testimonios concretos

Congeniar todo esto no ha sido sencillo. Es algo que se puede apreciar en obras que abordan diferentes temáticas o aspectos de la arquitectura, como edificios institucionales, turísticos, recreativos y centros comerciales, pero desde la impronta personalísima de viviendas unifamiliares y colectivas. Para comprobarlo basta hacer un repaso por las estructuras edilicias de Pérez Maraviglia. Obras como el Colegio de Escribanos, el Aquarium del faro de Punta Mogotes (1993), el Shopping Los Gallegos (1994), la Fundación Bolsa de Comercio (1996), el hotel Sheraton Mar del Plata (1997) y la Iglesia San Benedetto Mártir; o la renovación del área Casino-Paseo Hermitage, y la puesta en valor del edificio Normandie, en Playa Grande. O bien esa gran apuesta que fue en 2015 el centro cultural y comercial Paseo Aldrey (ex Terminal de Mar del Plata).

La pregnancia con la tierra donde se erige el estudio desde hace ya medio siglo no ha sido un límite para que la arquitecta de Pérez Maraviglia junto a sus colaboradores interpreten otros sitios e idiosincrasias. Fue así que el estudio pudo salir de las arenas atlánticas para abordar desafíos como el Complejo Hotel-Casino-Centro de Convenciones de la ciudad de Santa Fe. Y hasta traspasar la frontera, como lo testimonia la realización en Paraguay de los hoteles Sheraton Asunción y Aloft Asunción.

“Cuanto más desafiantes, mejor”, ha dicho la arquitecta sobre los importantes encargos que ha llevado adelante durante todos estos años. En esas palabras, se refleja el tesón necesario que debe haber junto con la capacidad y la inteligencia para lograr una carrera de prestigio.

Entre las múltiples distinciones recibidas por la arquitecta, se destacan los primeros puestos en el Premio Anual de Arquitectura de la Asociación de Arquitectos de Mar del Plata. Un reconocimiento en la Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires (2007) y los premios Vitruvio (2003) y SCA-CPAU (2008).