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Premio Pritzker

Balkrishna Doshi

El Nobel de arquitectura esta vez fue para un hindú con más de 60 años de trayectoria. Discípulo de Le Corbusier y Louis Kahn, Doshi cuenta con una carrera atravesada por el compromiso social con su tierra.

Nunca es tarde. Con noventa años, Balkrishna Doshi recibió el mejor y más merecido reconocimiento para una extensa y consagrada carrera. Se trata de un profesional que ha ensamblado las lecciones aprendidas de manera directa con dos maestros modernos, Le Corbusier y Louis Kahn, con la sensibilidad del propio contexto donde nació, la India.

El legado de Doshi está avalado por una obra compuesta por más de cien proyectos consumados. En cada uno de estos, puede apreciarse un regionalismo honesto (lo prefabricado, lo artesanal, tienen lugar sin forzados pintoresquismos) que se vale de materiales “heredados” de tradiciones occidentales como el hormigón y el ladrillo, lo que da lugar a fisonomías ineludibles en la India de hoy. El propio Doshi, en su carta de aceptación del galardón, ayuda a develar los secretos de su impronta: “Mis obras son una extensión de mi vida, mi filosofía y mis sueños intentando crear el tesoro del espíritu arquitectónico. Le debo este prestigioso premio a mi gurú, Le Corbusier. Sus enseñanzas me llevaron a cuestionar la identidad y me obligaron a descubrir una nueva expresión contemporánea, adoptada regionalmente, para un hábitat holístico sostenible”.

Carrera 

Todo comenzó con su ingreso en la Escuela de Arquitectura de Bombay en 1947, año de la independencia de la India. Este dato histórico sirve para dar cuenta de la necesidad de reconstruirse y modernizarse que tenía por entonces la India, y de lo cual Doshi no era indiferente.

Para entrar tenía que salir. Así, para dar con una clave constructiva moderna, pero en armonía con la historia, la cultura, las tradiciones y hasta con las costumbres y el clima local, había que dar un primer paso fronteras afuera. Así fue que, una vez graduado, viajó a Londres para ingresar al Royal Institute of British Architects (del cual hoy es miembro de honor) para comenzar a solidificar una carrera que pronto lo llevó a París para trabajar con el mismísimo Le Corbusier.

Con la experiencia europea ya en su haber, en 1954 volvió a la India para supervisar los diversos proyectos del maestro suizo en aquel país. Mientras, comenzó a cobrar vuelo propio: 1962 lo vio con otro referente mundial, Louis Kahn, esta vez como socio, para encarar a lo largo de más de una década el Instituto Indio de Administración, en Ahmedabad. Y antes, en 1956, había abierto su mítico estudio, llamado actualmente Vastushilpa Consultants, cuya sede resume en sí misma la impronta Doshi, pues se trata de una edificación de estructuras de hormigón semienterradas que se integra con las características naturales de la zona para generar interiores con distintas cualidades lumínicas y morfológicas.

Un estilo sobrio que hoy, luego de varias décadas, se constata en proyectos públicos, privados, instituciones educativas y culturales, y viviendas realizados para clientes de distintos presupuestos. Tal el caso del proyecto de Aranya (1989), en la ciudad de Indore. Este se despliega como una red laberíntica de casas de distinta tipología (desde monoambientes hasta grandes residencias), intercomunicadas por patios, pasos y caminos internos; todo, conjugado en espacios públicos, semipúblicos y privados donde viven 80 mil personas de ingresos bajos a medios. Sin dudas, Aranya es un ejemplo insoslayable de lo que significa para Doshi el diseño urbano según el contexto social, ambiental y económico.

Humanismo

Virtudes, las mencionadas arriba, que no ha pasado por alto el exigente jurado del Premio Pritzker, para el cual Doshi “ha demostrado constantemente que toda buena arquitectura y planificación urbana no solo debe unir propósito y estructura, sino que debe tomar en cuenta el clima, el sitio, técnicas y artesanías junto con un profundo entendimiento y apreciación por el contexto en su sentido más amplio”. Porque, como en el caso de este gran arquitecto, “los proyectos deben ir más allá de lo funcional para conectarse con el espíritu humano mediante fundamentos poéticos y filosóficos”.

Latinomericanos y el Pritzker

Si bien un argentino como César Pelli ha sido candidato para este premio, solo tres latinoamericanos lo han obtenido: el mexicano Luis Barragan (1980) y los brasileños Oscar Niemeyer (1988) y Paulo Mendes da Rocha (2006).

Curiosidades del premio

Comenzó a otorgarse en 1978 a instancias de la familia Pritzker, dueña de la cadena de hoteles Hyatt. Al igual que el Nobel, esta distinción anual es un reconocimiento en vida que consiste en citación formal para la ceremonia de entrega en sedes que van variando (este año se realizará en mayo en el Museo Aga Khan de Canadá). Ganarlo conlleva el otorgamiento de 100.000 dólares y un medallón de bronce inspirado en los diseños de Louis Sullivan, padre de los rascacielos modernos en Chicago, con la leyenda: “firmeza, mercancía, deleite”, recordando los principios fundamentales del arquitecto romano Vitruvio: firmitas, utlitas, venustas.