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Rafael Viñoly

Un pensamiento que va más allá de las fronteras. Una búsqueda conceptual que apuesta fuerte hacia el futuro.

Imagine un teatro en donde el espectáculo no transcurre solamente en el escenario, sino que, a partir de una disposición arquitectónica –entre otras novedades, una fachada curva de vidrio de 24 metros de altura–, se puede ver lo que ocurre tras bambalinas. Esta idea fue llevada a cabo en Leicester, Inglaterra, por el talentoso arquitecto Rafael Viñoly. Sólo un botón de muestra: sus obras nos sorprenden, atraen la mirada y nos dejan atónitos. Sólo alguien que confía en que se puede cambiar el mundo desde lo que uno produce es capaz de hacer algo semejante. La decisión de diseñar un espacio de estas características tiene que ver con una ideología aplicada: el interés por renovar las jerarquías del pasado, las lógicas establecidas. 

De origen uruguayo, Rafael Viñoly tiene 64 años. Su carrera comienza a los 20 años cuando funda su estudio de arquitectura en Buenos Aires. A partir de 1978, continúa su tarea en Nueva York. Ha recorrido el mundo dejando su marca en numerosas ciudades.

El proyecto que lo lleva al reconocimiento internacional es el Tokio International Forum, realizado en 1996. Un coloso de dimensiones impactantes y de una resolución increíble, de vidrio y acero; una neocatedral gótica, sinuosa, transparente y etérea. La vista aérea de este trabajo es impresionante: un ojo, o mejor, una nave que sostiene cuatro cuadrados de tamaños escalonados (los distintos espacios para utilizar).

Luego de haber sido galardonado en distintas oportunidades, sus ideas y su aporte siguen manteniendo un mensaje claro: “Lo fundamental es repensar ciertas cosas que parecen inmutables”.