Interiorismo  | 

Andrée Putman

La embajadora del estilo

Apostando a habitaciones despojadas, rechazando los dictados del buen gusto y el elitismo, en las intervenciones de esta diseñadora francesa resalta la elegancia lograda por la armonía de los pocos objetos elegidos que jamás pasan de moda.

Cuando siendo aún una adolescente decidió deshacerse de todo su mobiliario, vaciar su habitación y quedarse con tan sólo una dura cama de hierro, una silla y un afiche de un cuadro de Miró, su familia supo que algo raro estaba pasando con esa chica. Pero, probablemente, en lo último en que pensaron fue en que con los años Andrée Putman iba a convertirse en una destacadísima diseñadora, en la “embajadora del estilo francés”, como la denominaron hace poco en una exposición que homenajeó su trabajo.

Con una tendencia minimalista, que dice haber adquirido en las despojadas abadías cistercienses que frecuentó de pequeña, su trabajo escapa presuroso de todo tipo de excesos y detalles recargados.

El arte siempre la atrajo desde distintas vertientes, como la música, la literatura o las artes visuales, y su intención de crear objetos con mayores posibilidades de difusión, que pudieran estar al alcance de un mayor número de personas, la inclinó hacia el diseño. “La belleza no tiene nada que ver con el precio de las cosas”, sostiene Putman buscando desterrar la imagen de lujo vinculada al dinero y a la arrogancia.

Luego de trabajar muchos años en  revistas de diseño, decidió lanzarse ella misma como creadora de los objetos que antes comentaba, y así seleccionó un catálogo de muebles realizados en los años 20 para reelaborarlos y distribuirlos mediante el primer emprendimiento propio en el que participó su empresa Ecart, fundada en 1978.

Desde entonces buscó trastocar esta imagen sobrecargada asociada al lujo de la época dejando de lado todo elemento de decoración superfluo. A pesar de evitar la superpoblación de objetos en los ambientes que intervenía, una de sus preocupaciones centrales ha sido que el minimalismo no se convirtiera en frialdad, cuestión nada inusual en el medio.

Uno de sus principales y más recordados encargos ha sido el del Hotel Morgans, en Nueva York, ciudad donde conoció la fama mucho antes que en su París natal. Allí despuntó un estilo basado en colores neutros, con dameros blancos y negros en azulejos o alfombras, y el color gris complementando los espacios. Vinieron después decenas de locales comerciales de grandes marcas a lo largo de todo el mundo que reclamaban su toque distintivo.

En los últimos años, se ha dedicado también a acondicionar espacios públicos, como hoteles, tiendas, museos de arte contemporáneo, al igual que numerosas residencias privadas. Entre sus encargos más destacados, se encuentran probablemente la invitación a reelaborar el interior del famoso avión Concorde, así como la realización del set de filmación de la película de Peter Greenaway, The pillow book.

De la empresa nacida en 1997, que lleva su apellido como marca, surgieron todo tipo de muebles y accesorios para el hogar, como textiles, alfombras, cubiertos, plata, cristal y vajillas.

Las líneas simplificadas de Putman derivan en la elegancia con especial cuidado por la sobriedad, la naturalidad y el poder de la luz. Su intención siempre ha sido generar espacios atemporales y sencillos donde las imposiciones transitorias de la moda no tengan autoridad.