Interiorismo  | 

Geoffrey Bradfield

Vivir con arte

La “opulencia funcional” es el sello que lo llevó a la fama. Elegante, contemporáneo, exótico e impactante. Una mirada única en interiorismo de lujo.

Los interiores de lujo creados por el diseñador sudafricano Geoffrey Bradfield se perciben ante ojos expertos como verdaderas obras de arte contemporáneo. Es allí donde la frondosa complejidad de volúmenes, formas y colores encuentra enlaces inéditos entre un lenguaje visual sumamente estimulante y los más altos estándares de calidad y funcionalidad. Lo bello, lo confortable y lo útil encuentran así, en cada pieza de diseño, su perfecto equilibrio.

Bradfield es conocido no solo por diseñar interiores de impresionantes residencias, sino también por transformar los interiores de grandes palacios, yates e inclusive aviones privados de importantes artistas y magnates. Clásico y más moderno que todos los modernos, su trabajo es un impacto artístico de opulencia y funcionalidad. Lo último del arte se combina también con elementos antiguos y artefactos de alta tecnología. Un anacronismo revitalizante que congrega lo mejor de tiempos pasados con las últimas tendencias que dominan el mundo de la moda y del diseño.

El equilibrio ideal entre estética y comodidad

Sean estos modelos refrescantes —más juveniles o más solemnes—, en los interiores de Bradfield, nunca dejan de pesar las grandes piezas de arte, que en sus planteos pictóricos o escultóricos se combinan con los tonos y las texturas de muebles y alfombras que visten el lugar. Los grandes lienzos o las esculturas que suele incluir en estos megadesarrollos de interiorismo funcionan como ejes estéticos que sostienen la gran sinfonía donde todos los elementos encuentran su contraparte ideal.

La “opulencia funcional” es la clave de sus diseños y su concepto personal. Bajo este rótulo, combina las tendencias del arte oriental, el primitivismo africano o el art déco, para imponer su sello. Elegante y exótico, ha sido el encargado de rediseñar, por ejemplo, el departamento neoyorquino de Oliver Stone e, incluso, se ha encargado de la restauración de la mansión del fallecido rey Hussein, en Maryland. Sus trabajos lo han posicionado como uno de los mejores diseñadores del mundo y uno de los mejor pago.

Actualmente, su estudio cuenta con proyectos en Tokio, en Shanghai, en Yakarta, en Dubái y en Jerusalén, entre muchas otras locaciones. Hoy posee activas oficinas con sedes en New York, en Florida y en Dubái, donde trabaja codo a codo con su socio Roric Tobin para crear espacios que muchas veces podrían provenir de pasajes de Las mil y una noches. La interminable lista de premiaciones internacionales no hacen más que reforzar su éxito, confirmado en la integración del arte, las antigüedades y la tecnología de punta. Toda su trayectoria da como resultado espacios que no tienen igual estetizando así la vida cotidiana de sus clientes a escalas palaciegas.