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Energía limpia

Puesta en marcha

Ya no es moda ni simpática anécdota, el consumo eficiente de energía y el desarrollo sustentable son conceptos que atraviesan el modo de vida de los países que buscan mirar hacia el futuro. Acá, ¿cómo andamos?

Éxito económico y desarrollo sustentable pueden dejar de lado el antagonismo propio para su conjunción. Las energías limpias abren un camino en la solución de esta ecuación, aunque hay que analizar el escenario según las características de cada país.

¿De qué se habla cuando se hace referencia a  energías limpias? Son las que surgen de fuentes naturales como el sol, el viento (eólica), el agua (centrales hidroeléctricas, principalmente), o la biomasa vegetal o animal, entre otras. Al contrario de lo que sucede con las energías convencionales, se distinguen por no utilizar combustibles fósiles, sino recursos capaces de renovarse ilimitadamente. A su vez, su impacto ambiental es menor porque, además, no generan contaminantes.

Divergencias

Las potencias mundiales son líderes en la utilización de este tipo de energía “verde”, la que, igualmente, en proporción es muy inferior a la convencional (cuyo ranking también lideran) con la que desarrollan mayormente sus economías. Si de proporciones de utilización de energía limpia se trata, un paradigma posible podría ser Costa Rica. Este país centroamericano produce hace años más del 95% de su electricidad por fuentes renovables (un 75,3% de hidráulica, un 12,84% de geotérmica, un 10,08% de eólica, un 0,77 de biomasa y un 0,01% de solar, según sondeos recientes).

Sin embargo, deben tenerse en cuenta varios factores antes de referirse a una situación ideal: como extensión territorial, cantidad de habitantes, ciudades, desarrollo industrial, y contar en el territorio con fuentes o recursos naturales renovables aptas para el aprovechamiento. No hay que alejarse mucho para seguir sondeando. Países vecinos como Uruguay y Paraguay establecen parámetros asimilables a los de Costa Rica. En el caso de los charrúas, con 3,4 millones de habitantes en 2014, alcanzaron un 94% de renovables en electricidad (74% de hidráulica, un 14% de biomasa y un 6% de eólica). Casi al límite de su potencialidad en agua, los uruguayos apuestan a diversificar sus fuentes renovables. Situación distinta a la de otro país con autoabastecimiento sustentable como Paraguay, cuyos generosos ríos sobrepasan las necesidades locales, como lo evidencian sus tres centrales hidroeléctricas: Itapú, Acaray y Yaciretá. Cabe aclarar en este punto que dichas centrales no siempre se consideran como fuente renovable y limpia, dado el impacto ambiental y social de algunas de estas obras.   

No se puede soslayar que, en comparación con la Argentina, se trata de tres países pequeños, con escasa demanda eléctrica (hogares e industria) y mucha agua en proporción al territorio. En países más desarrollados como Estados Unidos, la utilización de energías renovables se establece en parámetros muy distintos (13%), aunque la tendencia mundial es notoria: el uso de energías renovables está en alza.

Mirar el ombligo

En la Argentina, la energía es un tema de rabiosa actualidad en la agenda política y económica, influye en todos los estamentos de la producción, y abarca a familias y demás consumidores sociales. Por distintas razones, la matriz no sustentable se torna insuficiente. Hay que diversificar, con especial énfasis en las energías limpias, y es el objetivo llegar al 20% de su utilización para electricidad en 2025. Según esta premisa, el país está en buen camino. En 2017 la Argentina fue el segundo país en el que más crecieron las inversiones en energías renovables, con un aumento cercano al 800%, solo por detrás de Emiratos Árabes Unidos, según Bloomberg New Energy Finance (BNEF). Este dato refleja los primeros resultados del RenovAr, un programa de licitaciones públicas por el que ya se han adjudicado 147 proyectos de energías renovables que suman 4466 MW, equivalentes a la electricidad que demandan 4,5 millones de hogares. A su vez, estas cifras ubican al país en el puesto 11° del ranking global de la consultora británica Ernst & Young (EY), que evalúa a los países con mayor potencial de desarrollo en energías renovables. Un posicionamiento loable (hace unos años se estaba fuera de los primeros 40), pero todavía lejos de otros países de la región como Chile (8°) y México (9°). 

En este contexto, la Argentina enfrenta una oportunidad única: a las condiciones naturales (viento en la Patagonia, sol en el norte, por caso) que facilitan el desarrollo de diversas fuentes de energía limpia, se suma el consenso general acerca de la necesidad de incorporarse a tiempo a este viraje global hacia las renovables reforzando las políticas existentes y evolucionando hacia una red de servicio energético cada vez más sustentable. Entre Estados Unidos y Costa Rica no hay un abismo, tal vez ese sea el lugar de países como la Argentina.